Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

Y afuera ¿qué?





Lo miraba desde el revoltijo porque la cama había quedado transformada como en un montón de vientos que sin saber hacia dónde dirigir sus cardinales acabaran por revolverse unos con otros en círculos deformes de intensidad diversa y lo veía así, parecido a esos vientos de sábanas pero como un preso nocturno que midiera con sueños la aparcada soledad de una celda que no tiene más paredes que las que él, como preso ahí, en su propia vorágine, era capaz de conceder a un futuro que ha abandonado los presentes en manos del ayer de los olvidos, porque en las paredes de no dibujar los olvidos ni los presentes se acumulaban días como aquel y noches como aquella, donde él dejaba los vientos revueltos de la cama y buscaba en el aire otros vientos que traerse a las manos para donarles pájaros que instruyeran al sol sobre el futuro, que no hay, que no existe, que sólo queda en mi imaginación, decía, sin volver los ojos pero sabiéndose escuchado desde adentro, desde la cama y él ahí, afuera, en la desnudez tan desnudo como una estatua griega y vieja en el fondo de un parque, cuarteada, decía, como el alma cuando no ves futuro y el presente parece siempre ese mismo pasado que se replica sin saciedad, aunque, desde la cama y contra la furia verde de la noche, el cuerpo desnudo fuera una talla álgida de estrellas que brillaban como gotas de sudor perfumado por la acritud de la desesperanza porque él estaba hecho con desesperanza como otros están hechos con tedio o con indiferencia o con laboriosidad o con quejumbre, pero él, él era de la desesperanza sin quejumbre, sólo de la desesperanza como si la esperanza se le hubiera caído de la vida al nacer, se le hubiera desprendido como una placenta que nunca hubiera sido capaz de nutrirle el hambre de alegría y entonces, cuando los demás lo veían, estaba así, huérfano de esos verdes que no le llegaban a él por esa noche verde y que sin embargo desde la cama se veían pegándosele a la carne desnuda, al cuerpo seco de animal no regado, como intentos de la esperanza por darle algún harapo que le apartara de ese gesto huérfano de los que han perdido el futuro en el revoltijo de vientos del presente al que el pasado no es capaz de abandonar.


De las cartas cerradas y otras incoherencias



El velero de hiedra


Tus cartas siempre llegan como viejos veleros que rebrotan desde este mar de escarcha. Llegan cuando ya he renunciado a toda primavera, a posibles deshielos, al sol del mediodía.

Tus cartas llegan desde mi propia glaciación que siempre ha sido rígida y despótica. Navegan hacia mí desde mi taiga y me traen carboncillo encendido, leña que aroma el mundo, el dulce azul, a veces algún canto.

Siempre vas hacia algún lugar que nunca veo y luego, retornas inesperadamente, como un aniversario que se olvida de todas sus calendas y obedece tan solo al florecer del aire.

Tu barquilla es un cántaro y siempre ha sido un cántaro de óleos primigenios, sobrevivientes a la devastación, al incendio de los sicomoros, a la estrella lustral que cae en ellos y parece de tinta en ese espejo untuoso y perfumado. En eso se han convertido tus regresos. En el viejo perfume a corazón guardado, a hiedra virgen, a paños que resguardan instrumentos de cuerda con el que yo ilusiono mis respiraciones de silencio.

Me gusta cuando veo esa vela pequeña que habla en otro idioma y cruza como un susurro mis rutas de despojo, trayéndome su rosa de los vientos del regreso.

Siempre has sido la que mejor sabe cuán lejos me han quedado los caminos.



Tambores de la profundidad.




Tenía esos cabellos de cascada romántica sobre los que el atardecer es capaz de dibujar cobres y miel terrestres y mirándola pensó que si yo tuviera una mano de esas que poseen los dioses, sería también capaz de resolver el mundo de sus ondas de vientos como un despeñadero de acrobacias con las que demostrar la naturalidad de su incalculable poder hembra, porque así la veía él, lejos de lo totémico pero también totémica en su modo de carne hecha de niebla y sal que el ancho sol de África volvía una talla de peltre engastada en el marco luciente del espejo. 

De espaldas y desnuda era un apacible gato lácteo, con una cabellera donde pueden caber el resto de los otoños de mi vida, pensó también, porque siempre lo habían fascinado las cabelleras de mujer en que perder el tacto y el olfato como en una espesura de flores y silencio y quedarse así, recogido en el olor a pelo, en esa impregnante presencia de grasitud sutil, de sebo umbrío, de parafinada tersura como eran los senos de criar hijos de estepa y canto, dijo en voz alta y agregó que ella tenía caderas de árbol y cintura de ánfora y pechos orgullosos de heroína que a él le despertaban una jugosa dentellada caníbal y dijo que se le hacía agua la boca como a un desesperado animal de colmillo, de verdad, se me hace agua la boca, insistió y ella pensó en dos espaciosos chitas que se encuentran en época propicia y con el celo a tiempo y salió del espejo para volverse músculo que cayó sobre él, sobre la cama que hablaba ya un idioma junglar de acometidas y en el ancho nocturno de sus ojos de hombre hundió dos largas estocadas de agua. 

Le dijo que era hermoso, que era el hombre más hermoso que ella hubiera sentido golpeando sobre el tambor de su libertad, porque la libertad de la soledad había sido una decisión para ella y en él había encontrado al compañero exacto y anhelado, porque en la libertad de la soledad también se anhela alguien que nos hable de ella como hablamos nosotros, le dijo, acariciándole las mejillas enjutas y los hoyuelos parcos que le culminaban la sonrisa. 

Y luego dijo no quiero que te vayas y él le susurró  jamás, bajo su boca.


(De: Caída de las patrias) 

Participan en este sitio sólo escasas mentes amplias

En tu cuarto hay un pájaro (de Pájaros de Ionit)

Un video de Mirella Santoro

SER ISRAELÍ ES UN ORGULLO, JAMÁS UNA VERGÜENZA

Sencillamente saber lo que se es. Sencillamente saber lo que se hace. A pesar del mundo, saber lo que se es y saber lo que se hace, en el orgullo del silencio.

Valor de la palabra

Hombres dignos se buscan. Por favor, dar un paso adelante.

No a mi costado. En mí.

Poema de Morgana de Palacios - Videomontaje de Isabel Reyes

Historia viva - ¿Tanto van a chillar por un spot publicitario?

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas mientras haya un argentino para nombrarlas.
El hundimiento del buque escuela Crucero Ara General Belgrano, fue un crimen de guerra que aún continúa sin condena.

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Asombro de lo sombrío

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Sólo el amor - Silvio Rodríguez

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Feria del Libro de Jerusalem - 2013

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Café literario - Centro de convenciones de Jerusalem

Acto de fe

Necesito perdonar a los que te odiaron y ofendieron a vos. Ya cargo demasiado odio contra los que dijeron que me amaban a mí.

Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.
1a. edición - bilingüe